RODRIGO DEL CAMPO

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Liderazgo Valiente

May 01, 2021

Es común escuchar que el primer paso para realizar una transformación efectiva, ya sea a nivel individual o de los equipos y organizaciones que lideramos, es una visión clara del futuro.

Si tenemos claro hacia dónde vamos y cómo llegar allá, la transformación está casi garantizada.

Sin embargo, si bien es verdad que es muy importante realizar el trabajo de definir con precisión el futuro que queremos y tener un plan claro para lograrlo, hay un factor que suele ser subestimado e, incluso, olvidado, lo cual resulta en el fracaso de la gran mayoría de las iniciativas de transformación.

Ese factor es lo que denominamos "Liderazgo Valiente", que tiene que ver con la disposición y capacidad de los líderes de tomar decisiones difíciles y establecer un compromiso inquebrantable con la modificación de la situación actual.

Incluso antes de tener claro a dónde queremos llegar, necesitamos declarar como totalmente inaceptable el estado en que nos encontramos actualmente y comprometernos con generar los cambios necesarios, sean cuáles sean, para avanzar hacia un estado mejor.

Este compromiso no es, en realidad, un proceso conceptual de definir nuestra visión, sino que es una experiencia altamente emocional, que nos saca de nuestra zona de comodidad y nos obliga a enfrentar factores que normalmente no estamos acostumbrados o no queremos experimentar.

Pero si los líderes de la organización no están dispuestos a liderar de manera valiente sus equipos y organizaciones, ¿por qué tendrían que estarlo sus colaboradores?

El liderazgo valiente crea un ambiente seguro (holding environment, en inglés) donde los subordinados pueden expresar sus preocupaciones, ansiedades y emociones sin tener que preocuparse de ser discriminados o castigados.

Desafortunadamente, la creación de ese tipo de ambientes seguros va en contra del paradigma tradicional del liderazgo efectivo, que tiene una expectativa implícita de que el/la líder tiene absoluta seguridad y certeza de lo que hay que hacer y cómo lograrlo.

Pero, por definición, si uno ya sabe cuáles son las respuestas correctas, no hay ningún espacio para el aprendizaje. Este solo sucede cuando entendemos que nuestras "respuestas correctas" no son más (ni menos) que nuestra mejor hipótesis acerca de cómo enfrentar cada situación que necesitamos resolver.

Es más, la ciencia ha probado hace tiempo que no hay ningún experimento que confirme que la hipótesis que formulamos es la solución correcta para el problema. Los experimentos solo refutan las hipótesis o nos obligan a formular nuevos experimentos que las puedan refutar.

Por lo tanto, si queremos ser líderes transformacionales efectivos, tenemos que estar abiertos a la experimentación constante y el aprendizaje, lo cual requiere que tengamos la valentía de ponernos en situaciones donde las cosas no serán como esperábamos, aunque sea emocionalmente incómodo.

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